El paisaje fue también un género que contribuyó significativamente a definir los contornos de una especificidad nacional. En la región andina, sin embargo la ausencia de una tradición local y de un marco estético para la contemplación de la naturaleza impidió el desarrollo de una paisajismo pictórico.
El Otro Costumbrismo: El aporte regional
La acuarela
costumbrista y la fotografía de paisaje forjaron las primeras representaciones
oficiales del Perú. El costumbrismo se gestó en estrecha relación con la
capital. Pero existió una pintura de costumbres y un paisajismo paralelos,
creados desde enclaves regionales.
La
talla en piedra de Huamanga fue probablemente uno de los géneros que más
tempranamente incorporó escenas costumbristas. Algunas aparecieron como piezas
para acompañar los pesebres, mientras otras sirvieron como objetos de
decoración en los interiores de las clases medias urbanas.
El resurgir de la pintura
En las décadas que
siguieron a la Independencia, mientras nuevos medios de representación como la
litografía, la acuarela o la fotografía empezaban a ocupar un lugar decisivo en
la representación del país, la pintura quedó relegada a un lugar marginal.
Limitada principalmente a la reproducción de retratos y obras destinadas al
ámbito privado, sin encargos públicos y espacios de exhibición ante una
sociedad sin base definida.
El Rostro de la Modernización (Lima, 1845-1879)
Período de monumentos dedicados a héroes
civiles y militares dentro de las obras públicas, señaló la abrupta y desigual
ruptura cultural que trajo la modernización del país.
Las piedras
tradicionales labradas por artesanos locales fueron desplazadas por grandes
esculturas de mármol. Es la época de oro para los marmolistas italianos
establecidos en Lima, como Ulderico Tenderino y Francisco
Pietrosanti.
Es así que las dos
principales tradiciones locales de talla no pudieron acomodarse a las nuevas
exigencias artísticas y monumentales.



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